lunes, 18 de mayo de 2009

El gato y la levedad

En el gato se esconden fuerzas latentes de lo potencial,
en el gesto anterior al salto,
palpitando en el segundo exacto que lo precede.
Sin embargo,
la naturaleza auténticamente felina del gato
desafía la inercia de ese instante y su conclusión,
sus impulsos sobrepasan cualquier concepto regular.

Cada movimiento del gato
es un nuevo contrasentido para la lógica que se establece entre la onda
y su carácter leve.
En él la levedad adquiere,
a través de la estela del salto (de por sí paradójica),
un matiz que escapa a cualquier influencia circular.

El gato fluye,
quimérico e inescrutable,
ajeno al tiempo
y dueño del Silencio.

Boris Leonardo Caro González

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