sábado, 16 de mayo de 2009

Los ojos del gato

Los ojos del gato, profundos y luminosos, tienen un poder misterioso. A pesar de sus habilidades oculares, el gato nace sin poderlas utilizar, ya que sólo abre sus ojos a partir de 7 días de nacido, después de lo cual es cuando comienzan a aprender a interpretar todos los estímulos que entran por los ojos, y no llegan a dominarlos hasta transcurridas unas doce semanas, que es cuando sus ojos adquieren su color definitivo, que puede tener una amplia gama que va del amarillo y anaranjado hasta verdes o azules intensos. La palabra egipcia utilizada para nombrar al gato era "mau", que significa "ver". El poder enigmático de los ojos de gato ha hecho que algunos elementos de la Naturaleza se denominen como ellos, como es el caso de una variedad de gema, el crisoberilo, llamada "ojo de gato" o la nebulosa existente con igual denominación. Sus ojos están sumamente preparados en muchos aspectos. Diferentes análisis indican que su visión es superior durante la noche a la de los humanos, e inferior a la de éstos durante el día; de hecho posee un umbral de detección de luz siete veces menor que el del hombre y es seis veces superior a la hora de detectar las longitudes de onda corta. El gato tiene la capacidad de utilizar al máximo la tenue luz visible y además existe la certeza de que pueden ver en el infrarrojo cercano. Un experimento realizado por científicos en que se buscaba determinar si era el movimiento o el calor a lo que los gatos les atraía la atención en la oscuridad nocturna determinó que estos fundamentalmente eran atraídos por el calor de cuerpo, más que por el movimiento.
Hasta hace poco tiempo, se pensaba que los gatos no distinguían los colores, sin embargo, recientemente se ha comprobado mediante experimentos, que si pueden percibirlos, puesto que su retina contiene conos y bastones, como ya ha sido demostrado. Aparentemente, pueden diferenciar ciertos colores fríos (azul, celeste, tonos verdosos), especialmente a corta distancia.

¿Cómo funcionan sus ojos? Cuando la luz rebota en un objeto, se refleja en la córnea, el escudo transparente que recubre el ojo, y lo enfoca. La luz se filtra en el iris, la parte coloreada del ojo, a través de una zona negra llamada pupila. La pequeña pupila negra se amplía en la oscuridad para dejar entrar más luz, y se reduce cuando mayor es su intensidad. Los músculos del iris son los encargados de contraer y dilatar la pupila.La luz que penetra en la pupila pasa a la lente, una membrana que vuelve a enfocarla. Luego, cuando el haz luminoso prosigue su viaje hasta la cámara interior del ojo, choca con una pantalla llamada retina, cuyas células nerviosas (conos y bastoncillos) envían señales al cerebro a través del nervio óptico, y el cerebro registra una imagen. Todo este proceso se desarrolla en una fracción de segundo. Los ojos del gato funcionan como los humanos, aunque con una diferencia: los gatos poseen un estrato celular especial en la sección posterior de los ojos, llamado tapetum lucidum (en latín, alfombra brillante), que refleja de nuevo la luz hacia las células de la retina, como si se tratara de un espejo. El tapetum logra aumentar entre 30 y 50 veces cualquier rastro de luz. De este modo, en la penumbra, los ojos del gato captan la más leve cantidad de luz que puedan percibir. De ahí que su visión nocturna sea extraordinaria y que sus ojos sean tan brillantes al reflejar la luz en la noche. Aún así, tampoco pueden ver cuando la oscuridad es absoluta. En una estancia a oscuras y sin ventanas, se ven obligados a recurrir al olfato y al oído para intuir lo que sucede a su alrededor. Dado que los ojos de los gatos funcionan tan bien en la penumbra, captando el menor haz de luz, sería lógico pensar que el sol los deslumbrara y les dificultara la visión. No obstante, así como las pupilas de nuestros ojos reaccionan encogiéndose y reduciendo la cantidad de luz que penetra en su interior, las del gato son muy especiales, contrayéndose hasta convertirse en una línea y controlando con exactitud la cantidad de luz que entra en sus ojos. La forma de estrechas franjas verticales que adquieren sus pupilas les permite utilizar los párpados para ocultar una mayor o menor sección de dichas franjas, como una cortina parcialmente corrida en una ventana. Este mecanismo hace que el gato sea uno de los animales capaz de controlar mejor la cantidad de luz que entra en sus ojos. En un día radiante, la reduce al mínimo y aún así ve a la perfección.
Poseen un tercer párpado, la membrana nictitante: una delgada lámina opaca que actúa como protección adicional. Esta membrana se cierra parcialmente si está enfermo; sin embargo, cuando está somnoliento también puede ser visible. Si el animal crónicamente muestra su tercer párpado, debería ser llevado a un veterinario para su revisión. Su posición es oblicua y parte desde el lacrimal, pero sin llegar a cerrar el globo ocular por completo.

Como la mayoría de los depredadores, sus ojos se ubican frontalmente, sacrificando algunos grados del campo visual para ganar percepción de profundidad. Utilizando dos imágenes del mismo objeto proyectadas en la retina desde diferentes ángulos, triangula la distancia hacia un objeto con un alto grado de precisión (visión estereoscópica). La capacidad de su campo visual depende del emplazamiento de los ojos, aunque también podría estar relacionado con las características físicas del ojo. En vez de una fóvea óptica, la cual le otorga agudeza visual a los humanos, poseen una banda central conocida como raya visual. En promedio posee un campo visual estimado de 200º, mientras que en los humanos es de 180º.

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