sábado, 9 de enero de 2010

El folklore del gato

Resultado de una continua, agradable y simpática investigación para el autor, es este trabajo, el cual pretende dar información curiosa y un algo de conocimiento de la relación mágica, simbólica y práctica del gato doméstico y nuestra sociedad humana, y las consecuencias empíricas y espirituales que de ella derivaron. Se ha evitado en lo posible una sistemática localización geográfica de los elementos que conforman las citadas creencias populares donde el gato asume el principal protagonismo, pues se considera que son resultado de una serie de factores intermitentes de lenta expansión cultural (y sujetos por lo tanto aun progresivo proceso de aculturización) nacidos de unos focos de irradiación comunes, y cuya heterogeneidad es el producto de las fuerzas dinámicas que componen el medio natural y social en espacios determinados, subyaciendo en todos ellos un principio de similitud.

Cuenta una antigua leyenda que durante el Diluvio Universal, Noé, el patriarca bíblico, cayó en gran desesperación; causa de tal inquietud y desasosiego era que una gran multitud de ratones hambrientos y traviesos, asolaba el arca, y como Dios en la Creación había olvidado dar vida a los gatos, Noé no sabía qué hacer. Recurrió desolado e irritado por la magnitud del desastre al león, ya en aquellos lejanos días rey de todos los animales, pensando que siendo los molestos y hambrientos roedores súbditos suyos, éste hallaría la solución. Ante la exposición, de forma grave, de tales acontecimientos, quedó pensativo y meditabundo el monarca de las bestias buscando una salida al problema. Sigue el relato que fue en aquel preciso instante, cuando víctima de un singular y estruendoso estornudo, que conmovió todo el navío, salieron fuertemente por su nariz cierto número de bolitas negras que al tocar el suelo de madera, convertíanse en gatos. Naturalmente dieron cuenta de la plaga ratonil, con gran descanso de Noé, restableciéndose la paz y orden a bordo. Había nacido el gato.


Otra tradición, ésta de origen musulmán, recoge la creación del gato en el arca, en el momento en que Noé pasó sus manos por la melena del león, en ese momento el animal estornudó y salieron de su boca la primera pareja de gatos. Aquí también acabaron con la plaga de ratones.

Lo cierto es que en círculos especializados, suponen que todos los gatos descienden de un antepasado común... el felis Iybica. Sin olvidar aquella tradición antiquísima que considera que los gatos son creación de las manipulaciones de un misterioso sacerdote egipcio.

Un pueblo que sintió verdadera debilidad por este felino fue el egipcio. Herodoto en sus Nueve Libros de Historia, nos da fe de ello.

Animal carismático, considerado símbolo lunar. Deidad del panteón de divinidades egipcias con rostro de gato y adorado como Bastet. Gozó en el antiguo Egipto de un gran prestigio y veneración. Su muerte, signo de mal augurio, se lamentaba con grandes demostraciones públicas de dolor, siendo en particular sentida y temida la muerte de los gatos poseedores de ojos verdes. No hay que olvidar que entre este misterioso pueblo el color verde simbolizaba peligro y futuros sucesos nefastos. Se les momificaba y enterraba en necrópolis, habiéndose hallado en algunas de ellas millares de momias gatunas. Autores clásicos nos informan de las severas penas y atroces suplicios a los que eran condenados aquellos osados inconscientes que hubieren causado daño a algún gato. ¿Vestigios de un tabú, protector del totem del clan... ? No dudando en arriesgar sus propias vidas en salvaguardia de la grey gatuna.

Contrarios a la negativa mantenida en forma empecinada por unos, otros no dudan en afirmar que tanto griegos como romanos, fueron conocedores de las prodigiosas facultades venatorias del gato, utilizándolo en la caza de ratones.

Un relato mitológico cuenta que la hermosa Deméter, aterrorizada ante la furia de Tifón, huyó de éste transformada en una silenciosa gata.

En la misteriosa Irlanda precristiana, la de los druidas recitadores de la Sabiduría del Arcano, los llamados Ollave, Maestros de la Poesía, existió un famoso santuario-cueva, en el cual moraba una delgada gata negra. Sentada en una enorme silla-trono de piedra, altiva e iracunda daba respuesta a todos aquellos que temerosos y respetuosos atrevíanse a inquirirle por el futuro que les aguardaba. Entre los celtas de la Verde Erin, los gatos gozaron fama de animales proféticos.

Hay una preciosa leyenda, que atribuye a San Martín, de forma involuntaria la creación del primer gato. Cuentan que este santo estaba reposando un día en un molino repleto de grano a la espera de su próxima molienda, cuando vio que una multitud de pequeños roedores empezaba a devorar el grano; molesto por ello San Martín les arrojó furiosamente su manopla que al tocar la cima de mies se convirtió en un gato, siendo éste el primer minino irlandés. Identificado, por la ignorancia, como representante de las fuerzas ocultas y desconocidas, por ello incomprendidas y temidas, fue perseguido y masacrado. Personificación de todo lo maligno y tenebroso, en la Edad Media, nuestros gatos domésticos (especialmente los de color negro) alcanzaron una no deseada popularidad, que tuvo fatales y dramáticas consecuencias para ellos. Celebridad a la que no fueron ajenos los caballeros freires templarios, y a las leyendas que se tejieron en torno a ellos. Se creía que en sus ceremonias de iniciación apareciese un enorme y siniestro gatazo negro al cual reverenciaban y besaban.

Millares de ellos fueron víctimas de las hogueras y de las iras del pueblo.

Desgraciado animal que poseedor de un extraño y magnífico magnetismo, generador de vibraciones mágicas, era utilizado en la mayoría de conjuros brujeriles, y como componente indispensable en la composición de toda clase de repugnantes filtros y fórmulas. Popular es la tradición del poder que tienen las brujas de convertirse en gatos, existiendo millares de historias que "confirman" tal transformación.

Una de las curiosidades más singulares relacionadas con los gatos la podemos encontrar en el Fuero Navarro. En su capítulo XX en el cual se trata "Qué enmienda deve fazer qui furta gato", se nos advierte... "Si algun ombre furtare gato et troban al ladron atal es su calonia el seynor del gato deve aver una cuerda liguenel estaco et del pezcuezo del gato ata el estaco aya I palmo en la cuerda et á todas partes aya IX palmos en hancho el logar o será el estaco fincado. Este logar sea plano, et aqueill qui furtó el gato prenga del mijo et eche con el puyno sobre el gato assi como caye de la gruenza en loio de la gruenza del molino ata que sea cubierto el gato de mijo, que atal es la calonia; et este mijo deve ser partido assi como otra calonia. Et si el ladron fuere pobre que non podiere aver tanto de mijo dévenli ligar el gato en el pezcuezo, assi que cuelque por las espaldas del ladron en aiuso, el ladron sobiendo esnuo en cuerpo. Et de la una puerta dévenil fer correr los sayones feriendo al ladron et al gato, et el gato rónpal bien las cuestas al ladron con las uinnas et con los dientes et esto fecho sea quito el ladron. Et si esto conteze en logar o no aya mijo ha por calonia XXI cafizes de trigo, et si ychan amigadura III cafizes de trigo de la amigadura".

Dicen que en un pueblo de tierras del Alto Aragón vivía una familia de agricultores a los cuales cada Nochebuena se le moría el mejor animal de la cuadra, fuera mula, caballo, vaca o cordero. Una de las noches el padre de familia esperó escondido en las cercanías de las puertas del establo. En un momento dado vio entrar a un gran gato negro, que volvió a salir en unos minutos. Después de escuchar cómo algo caía al suelo entró presuroso al establo, contemplando asombrado que su mejor mula estaba muerta. No le cupo la menor duda de que, fuese como fuese, aquel gato tenía algo que ver en el suceso, por lo tanto esperaría al año viniente para averiguar más cosas sobre tan extraño fenómeno que anualmente le costaba un precioso animal de su propiedad. Esperó un largo año, y llegó de nuevo la Nochebuena, y en esta ocasión aguardó acontecimientos en el interior de la cuadra. Como el año anterior, pasada la media noche apareció el descomunal gato negro, que una vez dentro, saltó con furia sobre las ancas de una lustrosa mula a la cual el terror tenía paralizada. El gato empezó a musitarle palabras al oído, que tenía que morirse aquella noche. Palabras que repitió varias decenas de veces hasta que nuestro amigo no pudo aguantar más, saliendo del escondrijo armado, de una gran estaca, pegó una paliza al gato, rompiéndole una pierna, huyendo éste maltrecho y con quejumbrosos maullidos de dolor.

El suceso fue muy comentado en el pueblo, pero más lo sería, cuando esa misma mañana descubrióse que la suegra del agricultor tenía una de sus piernas rotas, aquello la acusaba irremisiblemente de ser ella la culpable, siendo bruja, y usando sus poderes de transformación para perjudicar a su yerno. Cuentan que poco faltó para que fuera quemada en público linchamiento.

Decíase entre las brujas, que la piel de gato alimentado con pan mojado en agua y aceite sagrado, obraba verdaderas maravillas como elemento convocador de fuerzas malignas.

J. Blázquez Miguel en sus estudios sobre los procesos inquisitoriales seguidos contra las brujas y hechiceras en la Mancha, ha dado a luz varios documentos en los cuales se hallan registradas diversas fórmulas que usaban éstas para conseguir riquezas, obtener el poder de la invisibilidad, etc. En casi todas ellas estaba presente el gato, el cual siempre tenía un mal fin, se le cortaba la cabeza, sacábanle los ojos, etc.

Famoso sería el proceso celebrado en Vernon (Francia) en el año 1566 donde fueron acusadas numerosas personas, y posteriormente quemadas, bajo la acusación de reuniones en conventículos, o aquelarres en un viejo castillo semiderruido... donde todos los participantes asistían en forma de gatos.

Curiosamente el padre Azkue recoge en Vizcaya un relato en el cual no es una bruja la que se metamorfea en gato sino Santa Agueda. Relata la historia que el día de la santa, una mujer sin hacer caso de la prescripción de no trabajar esa jornada, debíase honrar a la santa, púsose a amasar la harina para hacer pan. En un momento dado un enorme gato saltó sobre la masa. La mujer lo increpó para que marchara, insultándole, calificándole de gato miserable, más con gran asombro, el gato empezó a hablar y le dijo: "... no soy ninguna gata, soy Santa Agueda, y por no haber cumplido lo establecido de guardar el día, mira hacia atrás...", asustada por el prodigio la pobre mujer volvió la cabeza y contempló como su hogar era pasto de las llamas, de un voraz incendio.

Pagó el gato con sus siete vidas, el halo de misterio que le rodea. Eran investigadas concienzudamente todas aquellas personas poseedoras de gatos, ya que era vox populi que eran familiares del diablo.

Un cronista de las Indias nos dice que durante su conquista, fue tal la añoranza del conquistador de trágico fin, Diego de Almagro, por ver a un gato castellano, que ofreció una gran recompensa en oro a aquel de sus soldados que le presentase un gato nacido en Castilla.

P. Bernabé Cobo nos ha dejado una maravillosa página dedicada a la presencia del gato en el Nuevo Mundo. "... podría juzgar alguno no ser de tanta utilidad estos animales caseros que se debe hacer caudal dellos; mas es cierto que son muy necesario en esta tierra, que sin algunos de los arriba referidos, no pudiéramos pasar con menos falta e incomodidad que sin gatos, por ser tan aparejada y dispuesta la mayor parte de la América, por la mucha humedad y calor de que abunda, para criar todo género de sabandijas, mayormente ratones, que no debe de haber otra tierra en el mundo más sujeta que ésta a semejantes plagas. Y como antes que los trujesen los españoles no hubiese gatos que los apocasen, era grande su multitud, los cuales, quietos y seguros de enemigos, se esparcían por toda la tierra con pacífica posesión della. Pero luego que vinieron los gatos y los sintieron los ratones, por la natural antipatía que la Naturaleza puso entre estas dos especies de animales, comenzaron a experimentar los unos la destrucción y ruina que les había venido con los nuevos huéspedes, y los otros a gozar de la abundante caza que hallaban en la nueva tierra. Trajéronlos a este reino los primeros conquistadores y se han multiplicado y extendido ya por toda la tierra; y en algunas partes se han hecho cimarrones, aunque no en los campos, como otros animales castellanos, sino dentro de poblado. Estímanlos mucho los indios y los crían en sus casas...".

La mecanización de las labores agrícolas ha hecho desaparecer una costumbre popular hasta hace pocos años en bastantes países europeos...y en la cual nuestro felino era la encarnación viviente del Espíritu del Grano, y donde una vez más se le inmolaba a la par de su homenaje. Derivada de esta costumbre puede ser la nuestra de "Atar al Diablo" el día de San Marcos.

Joan Amades recoge en su monumental obra "Costumari Catalá" la tradición de que San Félix de Nola era, es, el patrón de los gatos, existiendo hasta hace muy pocos años la costumbre de llevar a los gatos, "huérfanos" y callejeros a la catedral de Barcelona, para que allí se hicieran cargo de ellos. Don Luis Ramón, sacristán, de los llamados monjes, y que lo fue durante sesenta y cuatro años de la Catedral de Barcelona, confirmó personalmente al autor de este trabajo, la existencia de un servicio de monjes que acogían a los gatos abandonados. De igual forma también le confirmó la existencia de viejas fotografías, incluso un cuadro, en las cuales se puede ver a un sacristán con hábito un farolillo en las manos seguido de una multitud de gatos, posiblemente a la hora de darles de comer.

Ahora sufrido y amable lector lea las ventajas, desventajas, venturas y penas, de tener un gato, siguiendo nuestro folklore.



GATOS y CAMBIOS CLIMATOLOGICOS

Era claro aviso de cambio de tiempo, cuando loS gatos juegan.

El estornudo de los gatos anuncia lluvia.

Oir maullar a los gatos la última noche del año, se tenía por muy mal presagio agrícola, ya que se pensaba que anunciaba malas cosechas y granizos. También se creía que el maullido llamaba los malos tiempos.

Las escandalosas peleas de los gatos avisaban de cercanas lluvias.

En algunas comarcas cuando los gatos se lavan la cara, aguas seguras.

Gato "encenizao"... lluvia o sol, dependía del tiempo que hiciese en aquel momento.

El agricultor guiándose por su tradición observaba la forma de dormir el gato, si este lo hacía sobre una oreja, era señal de cambio de tiempo.

Si alguna persona veía a otra jugar con gatos sabía que pronto iba a llover .

Cuando los gatos corren de forma incontrolada en el interior de las casas, quería decir que se aproximaban vientos.

GATOS Y ENFERMEDADES

Para que al niño le salieran los dientes en forma rápida y sanos, se les solía colgar del cuello, incisivos de gato montés.

Costumbre muy antigua era que quien estaba afectado del reuma, curábase teniendo un gato en los brazos o regazo, y había quien se los llevaba a la cama con el mismo fin. Posiblemente el calor del cuerpo del animal aliviaba el dolor.

Los rabos de gato eran mano de santo contra los orzuelos, después de restregarlos repetidamente con ellos.

A los afectados de la peligrosa asma y para combatirla uno de los remedios habituales era darles caldos muy calientes, donde previamente había hervido un gato negro. Dicen que daba muy buenos resultados.

Estaban convencidos nuestros abuelos, que si alguien con mala idea y peor intención enterraba frente a su casa un gato, eran víctimas de crueles enfermedades.

Si en la labor de la siega, un labrador se cortaba, obligaban a un desdichado gato a lamer la herida.

En cambio otra creencia advertía que si algún despistado, ignorante de que los alimentos que estaba ingiriendo anteriormente fueron tocados por la lengua de gato, le salían llamativos lamparones por todo su cuerpo.

Antaño uno de los remedios más originales para combatir la erisipela, consistía en usar la sangre de una oreja cortada en vivo a un gato negro.

Llamativa solución contra la tuberculosis era poner sobre el pecho del enfermo varias crías de gato abiertas en canal; creíase que estas recogían los malos humores del enfermo.

Recogida por el autor en la antigua colonia del Sahara Occidental Español de boca de un anciano Saharaui, es la costumbre de orinar sobre un gato negro, cuando se tiene dolor de muelas, con el convencimiento de que el mal se traspasa al animal. Análogo procedimiento siguen las saludadoras cántabras que increpan ferozmente a los gatos con la intención de hacerles receptáculos de las enfermedades que acosan a los que acuden a ellas en busca de curación.

En las épocas en que la peste azotó cruelmente a nuestros pueblos una de las curas preventivas era el uso de un ungüento confeccionado con grasa de gato.

Las verrugas eran combatidas con la cola de un gato de tres colores, la cual debía frotarse enérgicamente sobre la excrecencia, mas debía ser sólo en el mes de Mayo.

Otro de los recursos de la casi "taumatúrgica" cola de gato era combatir el herpes.

Plinio aconsejaba para la lucha contra las fiebres (cuartanas) excremento de gato unido al dedo de un mochuelo.

LOS GATOS y LOS MALOS AUGURIOS

Si un gato se sentaba o subíase al altar antes de la ceremonia matrimonial, este acto se tenía como muy nefasto para la futura pareja.

Los vaqueiros de alzada tenían la curiosa creencia de que en habiendo hijas en las brañas, y nacía un gato negro, inmediatamente había que sacrificarlo, ya que se le tenía como mensajero de negros pronósticos en el venidero casamiento de las mozas.

Pensábase que no debíase mirar mucho a los gatos negros, ya que nuestro cuerpo lentamente iba siendo poseído por la irascibilidad que caracteriza a este animal.

El maullido extraño, no habitual, en los gatos nos avisaba que sufriríamos de dolor de muelas.

Aquel desgraciado que ahogara un gato, le aguardaban siete años de mala suerte y desgracias.

Si soñamos con un gato (el informante no especifica el color), el amor nos mostrará su aspecto más cruel.

Mala señal era para aquellos que marchaban de visita, el encontrarse en casa ajena un gato negro. Suponíase que ella era receptáculo de presencias malignas.

Otra de las creencias más arraigadas, aquella que se creía que ver un gato negro significaba tener mala suerte desde ese mismo momento. De igual forma se pensaba que aquellos poseedores de gatos negros que sufrían de adversidades, gato y el color eran los causantes.

Cuando se soñaba que se comía un gato, se debía estar atento con la salud, ya que la presencia del gato en el sueño, nos indicaba que caeríamos enfermos.

Si en los mismos sueños o en otros aparecen gatos negros, estos nos advierten que nuestro comportamiento moral con nuestros semejantes será deleznable y egoísta.

Y si en nuestras manifestaciones oníricas resaltan crueles peleas de gatos que riñen sañudamente, poner nuestros bienes y pertenencias a buen recaudo... ya que estamos siendo o seremos robados.

También era de muy mal presagio el maullido de los gatos el 31 de diciembre.

En algunas comarcas los ancianos llevaban buena cuenta de los años de los gatos, ya que decían que estos al cumplir los nueve años, en otros lugares eran siete, los gatos se convertían en afamados brujos.


LOS GATOS COMO PORTADORES DE BUENA VENTURA

Teníase por seguro y por muy cierto, que el soñar con un hermoso gato blanco significaba aventuras de las que sacaríamos provechosas consecuencias y experiencias.

Darle al gato casero, dulce coca, torta, pastel, nuegados... el día de Nochebuena, era considerado como un acto propiciatorio para que el año entrante los hados nos fueran favorables.

Las ilusionadas muchachas que aguardaban en la esperanza de un buen casamiento, para conseguirlo debían alimentar muy bien al gato de la casa.

El afortunado poseedor de un gato de tres colores tenía la completa seguridad que tanto él como su hogar estaban a salvo del fuego. Dicho tipo de gato añadía a tal virtud, la de proteger a los habitantes de la casa contra las temidas fiebres.

La tenencia de un gato de color prieto, servía como protección contra los malos espíritus. y los majestuosos y huraños machos negros poseían el poder de evitar los males sobre su dueño, quizás porque eran ellos mismos sujetos expiatorios.

PEQUEÑO EPILOGO SOBRE LOS GATOS

Ya hemos apuntado la sacralidad de este felino entre las gentes del antiguo Egipto, particularidad que condujo a una severa legislación que prohibía su exportación, bajo severas condenas. No obstante ello no evitó que los avispados comerciantes-navegantes fenicios se dedicaran al contrabando de gatos, sacando numerosos de ellos del país del Nilo, lo que evidentemente les reportó pingües beneficios.

Otra de las particularidades de este animal recogidas en nuestra investigación, y que citan dos autores españoles, en recientes publicaciones, es el sacrificio por docenas en la noche de San Juan. Se les lanzaba a las hogueras donde morían abrasados maullando de una forma horrible y lastimera. A pesar nuestro, no hemos podido constatar ni recoger recuerdo en forma oral de la citada costumbre, cosa que sí sucede en Francia. Bien es cierto que Julio Caro Baroja da a conocer en sus trabajos varios testimonios de tan bárbara tradición en la cornisa cantábrica.

Sí hemos recogido la costumbre en la Mancha y datos sobre el colgamiento de gatos muertos (en algunos casos, las llamadas aleluyas) en las paredes de las casas donde vivían mozas, a las que se quería menospreciar o vejar .

Recogida por Amades está la tradición, en tierras de Cataluña, que las embarazadas no debían tocar los gatos, pues tendrían un mal parto. y durante el alumbramiento se procuraba no tener ningún gato negro en la casa.

El color negro de los gatos nunca pronosticaba nada bueno, las mozas casaderas cuando los veían, quedaban sumamente tristes, ya que la presencia del gato negro les indicaba que tardarían un año más en encontrar galán.

Una de las costumbres, antaño muy generalizada, ya desaparecida, era la de colgar tras las puertas de las casas estampas con figuras de gatos. Ello protegía el hogar de la presencia de roedores.

En toda la península Ibérica se tenía el frío mes de Enero como el de los gatos, ya que se creía que se casaban. Y que los gatillos nacidos en ese mes gozaban de unos dones excepcionales de hermosura, y unas más que sobresalientes dotes como cazadores de ratones.

Recogimos la creencia de que a los jóvenes para que les crezca la barba, se deben untar el rostro a base de suaves capas de excrementos de gato negro.

Si contemplamos a nuestro gato lavándose la cara con la pata derecha, nos avisa que tendríamos visita, y si lo hacía enérgicamente con las dos, la visita llegará a lomos de caballería.

Para que un gato no regrese a su antiguo hogar, hay que fregarle las patas con aceite.

En otros puntos de nuestra geografía, para evitar que el gato escapara de la casa se le hacía dar tres vueltas alrededor del llar.

Dando de mano a esta breve exposición de la presencia del gato en la vida de nuestros abuelos, y en algunas de las nuestras, dejaremos al gato y su figura para próximos trabajos de toponimia popular, refranero, botánica, cuentos maravillosos, leyendas, etc., daremos a conocer una receta culinaria del siglo XVI, y recomendada por Ruperto de Nola...

GATO ASSADO COMO SE QUIERE COMER

"... El gato que esté gordo tomaras, y degollarlo, y despues de muerto cortarle la cabeza y echarla a mal porque no es para comer, que se dize que comiendo de los sesos podria perder el sesso y juyzio el que la comiese. Despues desollarlo muy limpiamente y abrirlo y limpiarlo bien, y despues embolverlo en un trapo de lino limpio y soterrarlo de baxo de tierra donde a de estar un dia y una noche, y despues sacarlo de alli y ponerlo a assar en un assador, y assarlo al fuego, y comenzandose de assar untarlo con un buen ajo y azeyte, y en acabando de untar azotarlo bien con una verdasca, y esto se a d hazer hasta que este bien assado, untandolo y azotandolo, y desque este assado cortarlo como si fuesse conejo o cabrito, y ponerlo en un plato grande, y tomar del ajo y azeyte desatado con buen caldo de manera que sea bien ralo y echalo sobre el gato, y puedes comer del porque es muy buena vianda...".


REVISTA DE FOLKLORE, Año: 1993 - Tomo: 13a - Revista número: 150 Páginas en la revista: 211-216 Autor: VILLAR ESPARZA, Carlos Tema: Curanderismo / Supersticción Título del artículo: EL FOLKLORE DEL GATO

lunes, 4 de enero de 2010

¡¡Pruuuuuu 2010!

Gracias a todos los seguidores de este blog por estar ahí siempre y acompañarme en mi pasión gatuna. Desde aquí os deseo a todos un muy feliz año.

http://eurhydice.kormak.es/

viernes, 11 de diciembre de 2009

La imagen del gato en los grandes de la moda

Tal vez por su elegancia, los gatos son a menudo complementos ideales para la Moda en sus andaduras por el mundo de la fotografía. En esta fusión a menudo el gato adquiere relevancia sobre el modelo y lo "viste" casi tanto como las prendas que se publicitan. Dicha fusión se puede observar ya desde los primeros años de la fotografía de moda, en trabajos de algunos fotógrafos como John Rawlings.
Uno de los grandes, Tim Walker, utiliza la imagen del persa para sus fotografías, de las que cabe recordar la de gatos pintados de colores pastel, tan llamativa como bucólica; o la editorial para Vogue de septiembre de 2005, en la que dispone un lecho plagado de estos animales.
Otro ejemplo es el artículo que (también la revista Vogue) en agosto del 2008 dedicó a Grace Goddington, directora creativa de Vogue. El fotógrafo fue Steven Meisel en esta ocasión. Los bellos gatos persas de este reportaje pertenecen a Pam Rutan, y su gatería Top Shelf Persians.

En el caso de Siri Tollerod el colorido intenso se complementa con la belleza de diversos felinos en su trabajo para Vogue Italia de mayo de 2008. A continuación expongo una muestra de estos trabajos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

El felino en las culturas prehispánicas


La presencia del felino en las culturas prehispánicas es evidente y la encontramos en la mayoría de las manifestaciones culturales como: tejidos, cerámicas, trabajos en metal, líticos, así como también en la continuidad cultural de muchos pueblos y comunidades.

En el aspecto religioso el felino jugó un papel importantísimo. Es indiscutible que no se trata de simples formas decorativas. Ellas debieron tener un valor simbólico y religioso definido. La figura felínica constituye para las culturas andinas una verdadera 'obsesión felínica''. El felino o sus atributos se asocian a imágenes humanas, a veces de guerreros. Es muy probable que el culto felínico estuviese íntimamente asociado o en relación con las practicas bélicas. En algunos casos el felino completamente desnaturalizado, adopta una forma casi ofídica y se lo reconoce solo por las garras y las manchas características. Las variaciones que presenta la figura felínica esencial se relacionan a las diversas características culturales regionales y los modos de representar o expresar ideas y cambios sutiles en el transcurso del tiempo.

Es importante preguntarnos por qué ciertos animales o plantas fueron seleccionados como motivos esenciales de diseño en el arte precolombino. ¿Por qué es que carnívoros como los felinos, el águila, la serpiente, el cocodrilo son temas opuestos a los herbívoros? ¿Por qué ciertas partes del cuerpo como la cabeza, el hocico, los incisos y las garras aparecen tan temprano y con tanta frecuencia en el arte andino? ¿Qué significación cognoscitiva esencial tienen estas partes del cuerpo en la mente del hombre?

Es de interés notar que este proceso de selección esta representado con mayor intensidad en las culturas formativas (arcaicas) regiónales a lo largo de los Andes y áreas periféricas. Nos referimos con esto a culturas regionales de Valdivia, Machalilia, v Chorera en Ecuador, Chavín en Perú, San Agustin en Colombia, Chiripa en Bolivia, San Pedro de Atacama I y II en Chile, Aguada, Ciénaga y Condorhuasi en Argentina. Quizás de mayor interés todavía es que ese proceso tuvo lugar en contextos socioculturales específicos, sea este el medio ambiente de la selva tropical o el área andina que había tenido contacto con grupos selváticos tropicales.

Para intentar interpretar el símbolo del jaguar es importante, no solo dar paso a la estructura de la relación de un grupo con su medio ambiente natural, sino que es necesario poner énfasis en el aparente conocimiento que este tenia de la conducta animal y cómo y con que propósito utilizó el hombre este conocimiento ¿Qué le ocurrió al conocimiento de la conducta animal acumulado por milenios por el hombre cuando la organización social, económica, espacial de esta sufrió el cambio del cazador a campesino sedentario?¿Cómo pudo haberse transferido o utilizado este conocimiento en la subsecuente fase horticultor o agricultor? ¿Qué ocurrió con la "proyección cognoscitiva" que el tenia cuando pasó del estado de los movimientos temporales recurrentes en los campos del cazador, recolector a la preocupación por (1) un incremento en número y densidad de población humana en un línea determinada; (2) los derechos de acceso a los recursos mas restringidos; (3) los exclusivos derechos de la tierra; (4) la necesidad de permanecer sedentario para proteger las inversiones de tiempo y (5) un esfuerzo en los terrenos cultivados?

A lo que estamos haciendo referencia aquí es al hecho de que hemos estado tan obnubilados tratando las formas animales como fuentes potenciales de recursos económicos y hemos descuidado considerar la idea de que estos animales pueden haber sido elementos didácticos de la observación para el hombre, con el propósito de relacionar, organizar y simbolizar sus propias experiencias sociales. El hombre imitó o mimetizó ciertas características de la conducta espacial y social de este animal tal como pudo haber imitado o tomado en préstamo ciertos rasgos culturales de otros grupos sociales humanos para dispersarse mejor en su exploración de recursos regionales y en sus relaciones socio-políticas y económicas en otros grupos humanos. Por ejemplo, entre los animales la posesión del espacio y la manutención de la prevención de una invasión de otros se combinan en iniciativa y ascendencia. Así, la orientación requiere la posición de los individuos y estabiliza el establecimiento de territorios. Un gran numero de estudios demuestra que el comportamiento territorial es fundamental para establecer relaciones y para mantener la estabilidad del grupo, tanto interna como externamente.

Las acciones sucesivas de agresión, miedo, búsqueda de protección y agresión renovada pueden leerse claramente en los movimientos expresivos, sobre todo en las diferentes posiciones del cuerpo y de los músculos faciales del hocico Ej: posición perfil facial asociada a subordinación y retirada) Así las representaciones felínicas en los periodos formativos fueron probablemente un mecanismo para proporcionar una continua corriente de información para activar y mantener un sistema de orden espacial y de dispersión entre grupos de asentamientos.

Otro aspecto a considerar es la intrínseca relación de las representaciones felínicas con la persona del "chamán", quien manifestaba una gran parte del conocimiento sobre la conducta del jaguar a través del uso de alucinógenos y visiones. Parece haber sido el chamán quien mantenía continuos contactos con grupos selváticos recibiendo enseñanzas de cómo manejar el conocimiento recibido a través de averiguaciones por medio de visiones o viajes periódicos a la selva.Fundamentalmente lo que implicamos aquí es el símbolo del jaguar y el continuo mantenimiento del conocimiento sobre este animal por medio de contactos selváticos y el uso de alucinógenos fue posiblemente un mecanismo para reactivar y modificar el ordenamiento de la organización social espacial.

En las provincias de Salta, Catamarca y La Rioja, el jaguar es conocido en la creencia popular de los lugareños como el tigre-uturuncu
El pueblo cree que muchos de los tigres (uturuncos) son hombres transformados, y para ellos tienen algo de non sancto quienes los cazan. Cuenta el Inca Garcilaso que el culto del felino fue anterior a los Incas quienes "se dejaban matar" por el tigre cuando lo encontraban y en general no lo cazaban. Ambrosetti, quien ha escrito acerca de la leyenda del "indio Tigre", en la región guaraní, dice que se repiten las mismas creencias sobre la metamorfosis de los hombres felinos. es común en esa región oir hablar de los Yaguaretés-Avás, creyendose que son indios viejos bautizados que de noche se vuelven tigres a fin de comer gente. La transformación de hombre en tigre , según cuentan lugareños de Catamarca y la zona Calchaquí, se obtiene revolcandose sobre su cuero, con ciertas ceremonias, invocando al felino; también untándose con grasa del felino.

Venerado por su poder, en la cultura conocida como Aguada se evidenció la obsesión por el felino en numerosos objetos de uso ritual, como cerámica, discos y hachas de bronce, telas, tallas de piedra y madera, morteros, tabletas para cebil y pipas. En cierto sentido intentamos demostrar que los artistas prehispánicos tenían un profundo conocimiento de la conducta del jaguar y expresaron y relacionaron simbólicamente la experiencia de los animales con la suya propia.

por Ximena González Eliçabe

Para saber más: André Gutiérrez Usillos El dios de las tormentas y divinidades de la lluvia: Iconografía del felino de los Andes Septentrionales Anales. Museo de América, 2003, (11): 103-118

martes, 27 de octubre de 2009

El gato: amo y señor



Acaso el siamés loco del cuento “El idioma de los gatos”, de Spencer Holst, no faltaba a la verdad cuando le decía al caballero científico que miles de años atrás los gatos tenían una gran civilización mundial, con naves espaciales, comunicación telepática y otras maravillas. Todo tan complejo que un día, para disfrutar de la vida, decidieron que era mejor simplificar las cosas y así fue que inventaron una raza de robots para que se hiciera cargo del cuidado de los gatos. Naturalmente, dichos robots somos nosotros.


En ese momento, el caballero que llevaba un tiempo estudiando los maullidos de mil gatos e incluso había aprendido a ronronear, entendió perfectamente por qué estos felinos solían ser tan desdeñosos con los que se creían sus amos. El siamés, hay que reconocerlo, estaba un poquito mambeado cuando le entregó al científico una lista de deberes entre los cuales figuraba el de dar muerte a los perros... Sin embargo, su fantástica historia vale para entender que, la humanidad, en vez de estar dividida entre gatófilos y perrófilos –como habitualmente se suele afirmar–, lo está entre las personas que los gatos aceptan y las que son rechazadas por ellos sin motivo aparente.
Porque estas bellas y cimbreantes bestias cuyo esqueleto de doscientos y pico de huesos es sostenido por más de quinientos músculos, se toman la libertad de elegir incluso a quienes merecen hacerles una caricia al pasar. Afortunadamente para los/as humanos/as que se sienten irresistiblemente atraídos/as por los gatos, suele haber coincidencia, amores correspondidos. Sobre todo, si los/as amantes de estos felinos tienen algo que ver con las artes, en particular con la literatura: a los gatos les encantan los libros, los papeles escritos o en blanco –quizás porque les traen halagüeñas remembranzas de cuando eran idolatrados en el Antiguo Egipto–, el rasguido de la lapicera y hasta se bancan con elegancia la pantalla encendida y el sonido de las teclas de la computadora.
Aunque nada les gusta más a algunos mininos –aparte de las aceitunas, la valeriana y el caviar– que acomodarse sobre la mesa en que están esparcidas las hojas y apoyar una patita o parte del cuerpo sobre la que ya tiene algo escrito. En cuyo caso –cualquier cosa antes que contradecir a un gatito tan compañero– lo mejor será proceder como Céline con Bébert: seguir escribiendo en el espacio que nuestro animal favorito de todos los tiempos deja libre... En el siglo anterior al de Céline, Dickens le daba el gusto a su gata Williemina, que lo escoltaba de noche mientras trabajaba: cuando ella apagaba la vela con su pata porque seguramente percibía la fatiga del escritor, él acataba. Gatófila absoluta, Colette reverenciaba el silencio, la fidelidad de esa “sombra de una sombra azulada sobre el papel azul...”. Más cerca en el tiempo, Patricia Highsmith, otra que se identificaba con los gatos, le dedicó una novela a su “querido Spider... que me acompañó a lo largo de la mayoría de estas páginas”.
En esto de evitar importunar a los gatos hay que anotar al mismísimo Mahoma, quien se rindió ante el sueño de su adorado gato Muezza, que se había quedado dormido en un diván, sobre la amplia manga de la túnica de su (presunto) dueño. Mahoma, en un gran gesto que lo honra, prefirió cortar la prenda y posteriormente le concedió al animal la gracia de caer siempre parado, y un buen lugar en el Paraíso.

La invención de lo gatuno
Esas son, entonces, algunas de las cosas que hacen las personas, así sean profetas, por los gatos, esos descendientes del Miacis, animalejo aparecido hace unos 40 millones de años, que se desdobló en cuarenta variedades un millón de años atrás, entre las cuales el Felis Libica y el Felis Silvestris habrían dado origen a nuestros venerados gatos domésticos. A los que también se les pueden disculpar conindulgencia las cortinas desgarradas y la tapicería en hilachas, desde luego menos importantes que sus uñas afiladas.
Pero si prefieren la leyenda, siempre más divertida, tienen que saber que el gato, según la mitología griega –de la que se apropiaron los romanos cambiando nombres–, fue una creación de Artemisa. La diosa, vengativa como toda esta gente del Olimpo, quería poner en ridículo al león que había inventado su hermanito Apolo. Según una fábula de origen musulmán divulgada en Francia, el gato nació de los amores heterogéneos entre un mono galante y una receptiva leona. En cambio, en otra narración, en este caso de corte bíblico, el gato fue estornudado por el león cuando Noé, angustiado porque una pareja de ratones, además de reproducirse a toda máquina, se comía las provisiones del Arca, rogó al Señor un remedio urgente. Et voilà, obtuvo un lindo, ágil y hambriento gatito, que además de cazar ratones tenía unos ojazos que podían funcionar como un reloj: al ponerse el sol, sus pupilas se dilataban para aprovechar al máximo la luz decreciente (es por eso que estos felinos distinguen las formas en penumbras), al amanecer se estrechaban y al mediodía se convertían en una raya. Esos ojos, mezcla de metal y de ágata, en los que Baudelaire, herido de amor, pedía permiso para sumergirse... Ojos que iluminan la Constelación del Gato, descubierta por Joseph Jerome de Lalande en una noche de primavera, hacia fines del siglo XVIII, desde el Observatorio de París. Borges, dos siglos después, en Buenos Aires, en la calle Maipú, entrevió a un gato y le escribió de esta guisa: “Más remoto que el Ganges y el poniente,/ tuya es la soledad, tuyo el secreto/ (...)/ En otro tiempo estás. Eres el dueño/ de un ámbito cerrado como un sueño”.

Con ánimo de amar, porfiar, jugar
Además de inspirar a numerosos pintores, de Watteau a Picasso, de Rembrandt a Foujita, de ser explotados por la publicidad y reproducidos infinitamente en objetos de adorno o de uso práctico, los gatos son personajes esenciales, irreemplazables de la historieta y el dibujo animado. Seguro que hasta muchos de los que padecen de alurofobia –horrible palabra para designar a los que detestan a los gatos– alguna vez disfrutaron con Félix, se compadecieron de Tom o Silvestre –respectivamente martirizados por Jerry y Piolín (Tweety en el original)–, sonrieron con Garfield, espiaron al lascivo Fritz o se quedaron pensando en alguna enigmática frase de Fellini, el gato del argentino Liniers.
En el cine de los años ‘10 del siglo pasado hubo pioneros del dibujo animado que se anticiparon a Disney y a su straight Ratón Mickey con felinos trotamundos como el de Las aventuras del gato negro, de John B. Gray o el Krazy Kat, de Harrison y Gould, a los que siguió unos años después, en los ‘20, el morrongo de la serie Alice, de Disney, con alguna semejanza al Félix de Pat Sullivan, surgido en 1917 con éxito progresivo. Tanto que, además de seguir haciendo líos en la pantalla, en 1923 pasó a la historieta, donde permaneció diez años en periódicos de gran circulación. Felizmente, más gatos que perros dibujados habitaron los cuadritos de los comics, las pantallas de cine y luego de la TV a lo largo del siglo XX. Entre otros, la chispeante Princesa Gatito (The Pussycat Princess), cuento de hadas gatuno ideado en 1935 por Grace D. Drayton para el American Journal (luego continuado por Ruth Carroll), los citados Tom de Hanna y Barbera, Silvestre, Los aristogatos de Disney, el Garfield de Jim Davis, exitosa historieta recientemente convertida en tediosa película (los dibujos de Tom, Silvestre y Garfield se pueden ver actualmente por Cartoon Network, en tanto que el lunático Gato Félix vagabundea por Boomerang, de lunes a viernes a las 13). A su vez, The Cat in the Hat, ambiguo icono norteamericano con cierta impronta onírica de relatos en versos firmados rimados por Dr. Seuss, lo mismo que las ilustraciones,pasó al cine el año pasado, protagonizado por Mike Myers, en una producción exenta de moralina y adecuadamente caótica.
Probablemente, varios de estos felinos le deben algunos rasgos al legendario Micifuz, el Gato con Botas inventado por Charles Perrault en 1697 (luego magníficamente ilustrado por Gustavo Doré), audaz e imaginativo, capaz de crear toda una puesta en escena verbal para lograr que su dueño, hijo de un modesto molinero, se case con la hija del rey y resulta de este modo todo un ceniciento. Por supuesto, para esas fechas Lope de Vega ya había escrito La gatomaquia y Francisco de Quevedo su Cabildo de los gatos. Pero faltaba, entre otros felinos literarios, el extraño gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll (publicado en 1865), que desaparece dejando su sonrisa suspendida en el aire.
Pero si lo que quieren es a un hijo contracultural de los ‘60, no pueden soslayar a Fritz, el escandaloso, anarco, sexualmente liberadísimo (hasta el incesto), fumador de lo que venga. Fue engendrado en la historieta por Robert Crumb, quien, en un rapto alucinado, vendió los derechos al productor Steve Krantz y nunca perdonó la película que realizó Ralph Bakshi –que no estaba nada mal, por otra parte– basadas en su Fritz. Nombre que llevaba el gatito de verdad de Abby, la acomplejada veterinaria de La verdad sobre perros y gatos (1996, de Michael Lehmann). Aunque el mejor gato de carne, hueso y pelo anaranjado que haya habido jamás en el cine fue el entrañable minino de Harry y Tonto (1974), uno de los mejores y menos pretenciosos films de Paul Mazursky con el gran Art Carney, quien se ganó un Oscar que compartió con su canchero coprotagonista. Por supuesto, ningún/a gatófilo/a de ley soporta sin condolerse la visión del semidocumental japonés Chatrán (1987) en cuyo rodaje fueron maltratados alrededor de 35 morrongos.

Cat People
Krazy Cat, sin ser transexual, era gato o gata según la ocasión; La gata sobre el tejado de cinc caliente (1958), sobre Tennessee Williams, era toda una mujer: Liz Taylor, ciertamente en celo (emulada pero no igualada por Jessica Lange en la versión de 1985). En cambio, la que siempre tuvo doble personalidad fue Selina Kyle, alias Catwoman o Gatúbela según la latitud, creada por Bob Kane en 1940, junto con Batman, aunque no de su costilla. Justo dos años antes de que la inquietante mujer pantera de Simone Simon, sugerentemente dirigida por Jacques Tourneur, emergiera en ese film negro de terror implícito llamado Cat People (en video, La marca de la pantera). Título éste que quería usar a toda costa el productor Val Lewton, por lo que incitó a De Witt Bodeen a que escribiese una historia sobre felinos. Así surgió la diseñadora de modas perseguida por la obsesión de haber sido, de ser una pantera, en una soñada conjunción de feminidad y felinidad.
Estas chicas desdobladas en fieras salvajes y voluptuosas acaso guardan en algún estante del inconsciente reflejos de los esplendores del Antiguo Egipto, un par de milenios a.C., cuando reinaba la diosa Bast –Bastet–, con cabeza de gata –tirando a siamesa– y esbelto cuerpo de mujer. Tanto apreciaban a los gatos los egipcios que cuando uno de estos animales moría, además de embalsamarlo, guardaban duelo pelándose las cejas. Conocida es la anécdota de Cambises, rey de Persia, que para vencer fácilmente a los egipcios en el puerto de Pelusio, puso una primera fila de guerreros con gatos en sus brazos. Los lugareños se rindieron con tal de no dañar a los mininos, que siglos después serían objeto, durante la Edad Media, de la furia clerical que los emparentó con el Diablo.
Gatúbela –homenajeada con mucha simpatía en la historieta Caty, de origen misterioso, editada en España en los ‘70– siempre fue una hembra sexy, con su maillot adherente como el de la Musidora en Les Vampires de Feuillade, guantes con uñas incorporadas y botas, la máscara con orejitaspuntudas. En la serie de TV, encabezada por Adam West, Gatúbela fue interpretada con méritos propios por Julie Newmar, Eartha Kitt y Lee Ann Meriwether, quien también estuvo en el largo de 1966.
En el ‘92 llegó Tim Burton con la memorable Batman vuelve y puso de manifiesto toda la morbidez de ese personaje que ambicionaban varias estrellas y que por suerte –vistos los resultados– quedó en garras de Michelle Pfeiffer, en celo permanente con su body negro lustroso tachonado de costurones, tacos aguja y poderoso látigo. Equipo ideal de bondage que la discreta secretaria salvada por una pandilla de gatos se confecciona para volverse una ondulante, fatal villana, atraída y repugnada por ese ratón con alas (o capa) que viene a ser el Hombre Murciélago...
En estos días retorna Gatúbela como protagonista absoluta, en la piel de la morena Halle Berry provista de un traje desgarrado de tosco diseño. Ahora la llaman Patiente Phillips, es diseñadora gráfica y –entre un ciclón de efectos especiales– descubre el secreto de un perverso producto antienvejecimiento que fabrica la imponente empresaria Sharon Stone, cuyo marido y cómplice es el guapísimo francés Lambert Wilson.

Criaturas salvajes
Altivo, garboso y limpísimo, aunque se trate de un ejemplar muy mezclado, gran acompañador de los enfermos, contemplativo o en plena acción movido a veces por el misterioso llamado de la selva, el gato no es especialmente querido por los ricachones ni los poderosos que, en su mayoría, prefieren a los sumisos y un poco obsecuentes perros para así verificar su poder. Pero hay alguna excepción digna de mención: Socks, el gato blanquinegro de Clinton, que contestaba la correspondencia que recibía en la Casa Blanca enviando una tarjeta con su efigie, una frase de agradecimiento por ser considerado el Primer Gato, firmada con la huella de su patita.
A los gatos les gusta la gente creativa, no obstinada en relaciones de fuerza, de posesión y que entonces puede aceptar sin sentirse frustrada que un gato les imponga su forma de vivir. No hace falta que esta gente sea gato en el horóscopo chino para estos felinos la adopten. Además de Borges, entre los escritores locales amantes de los gatos, imposible no mencionar a Olga Orozco y a Osvaldo Soriano, quienes, cómo no, escribieron sobre los que admitieron de buen grado convivir con ellos. Raymond Chandler sostenía, al igual que la pintora Leonor Fini, que nunca le había gustado nadie que no gustara de los gatos.
“Con el perro se busca fidelidad y un trato de respuesta inmediata”, dice el doctor Iael Rudman, veterinario. “En el gato, lo que la gente admira es su independencia, se entabla una relación más de igual a igual, más democrática. No es que el gato sea menos fiel, pero da una compañía con carácter, con decisiones propias.” En otras palabras, como escribió Chandler, “un gato no actúa nunca como si en un mundo muy nublado, uno fuera el único rincón con sol. Ésta es sólo una manera de decir que el gato no es un sentimental, lo que no significa que no sienta afecto”.
Según la experiencia de Eial Rudman, hay gatos que efectivamente se resisten a ciertas personas y pueden crear un problema, ponerse muy agresivos: “Es que son un pedacito de naturaleza que uno está metiendo en la casa, con su parte salvaje. Como un tigre o un león pequeño, que puede ser muy sociable o una verdadera fiera. Pero, casi siempre, los que aman los gatos reciben reciprocidad, y seguro que son más apasionados que los que prefieren los perros. Pueden hacer un verdadero culto, cuentan con más mitología... No es verdad que los gatos detesten a los más chicos: hay más casos de niños lastimados por perros, que al ser más dependientes son mucho más celosos. Es que el gato considera que tiene su lugar asegurado, y su autoestima es muy alta”.
Fuera de los gatos de raza incierta, entre los que se impone el europeo, atigrado o no, los gatófilos locales prefieren a los siameses “aunqueahora se están difundiendo bastante los persas y otros exóticos, de pelo largo y cara chata”, refiere Rudman. Y añade que el gato es un paciente difícil, que no deja maniobrar ni ver signos de su afección: “No demuestran el dolor como lo hace el perro, son reservados a este respecto. Probablemente por tener menos domesticado el instinto salvaje, busca esconderse cuando se siente mal. Su instinto le dice que es una forma de no exponerse a posibles predadores”.
En opinión del especialista consultado, además de un ambiente confortable y correcta alimentación, para estar felices los gatos necesitan auténtica comprensión, que las personas que los quieren sepan ponerse en su lugar. En vez de manuales sobre gatos, aunque alguno sobre comportamientos felinos puede venir bien, Iael Rudman recomienda los poemas de T. S. Eliot que dieron origen a la exitosa comedia musical Cats de Andrew Lloyd Weber, y que figuran en el Old Possum’s Book of Practical Cats. Por ejemplo: “Lo que hay que saber de memoria es/ que un perro no es un gato”, puesto que “un perro, resumiendo, es un alma simple”. Eliot no está de acuerdo con los que dicen que no hay que hablarle a un gato hasta que te hable: hay que hacerlo “pero siempre teniendo en cuenta/ Que él desconfía de la familiaridad./ Yo hago una reverencia/ Y saco el sombrero/ Y me dirijo de esta forma: OH, GATO”. Antes de que el gato condescienda a hacerse amigo, “será necesario hacerle unos cariños/ Que, por ejemplo, pueden ser un plato de crema,/ También, de vez en cuando, es bueno regalarles un poco de caviar...”. Respecto de la cuestión de “ponerle nombre a un gato es un asunto difícil,/ No es sólo un juego de verano/ Ustedes pensarán que estoy loco como el sombrerero/ Cuando le diga: un gato debe tener tres nombres distintos./ Primero está el nombre que la familia usa a diario/ como Peter, Augustus, Alonzo o James/(...)/ Pero les digo, un gato necesita un nombre que es particular/ Un nombre que sea peculiar y más digno de él,/ ¿De qué otra manera podría mantener su cola perpendicular,/ O estirar sus bigotes, o
alimentar su orgullo?/ Nombres de este tipo puedo darles un grupo/ como Munkustrap, Quaxo o Coripat / (...)/ Nombres que sólo pertenecen a un gato./ Pero por sobre todos estos todavía queda un nombre/ (...)/ Un nombre que ninguna investigación humana podrá descubrir,/ Pero que el gato mismo sabe, y nunca confesará...”

Revista Radar, por Moira Soto Domingo, 19 de septiembre de 2004

viernes, 16 de octubre de 2009

"Cómo llamar a un gato", de T. S. Eliot

T. S. Eliot (St. Louis, Missouri, 1885-1965), una gran figura de la poesía del siglo XX, publicó en 1939 El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum, un libro de poemas de rítmica asombrosa y dirigido al público infantil, donde los gatos se constituyen en reflejos de las tipologías humanas. Sobre este libro se basaría el musical Cats, y este es el poema que lo abre.


Ponerle nombre a un gato es harto complicado,
desde luego no es un juego para los muy simplones.
Pueden pensar ustedes que estoy algo chiflado
cuando digo que al menos ha de tener tres nombres.
Lo primero es el nombre que le damos a diario;
como Pedro, Alonso, Augusto o Don Bigote;
Como Víctor o Jorge o el simpático Paco.
Todos ellos son nombres bastante razonables.
Los hay más bonitos y que suenan mejor
para las damas y los caballeros,
como Admetus, Electra, Démeter, o Platón,
pero todos son nombres demasiado discretos.
Y un gato ha de tener uno más especial,
que sea peculiar, algo más digno.
¿Cómo, si no, va a alzar su rabo vertical
o atusar sus bigotes y mantenerse altivo?
De nombres de este tipo os puedo dar un quórum
como son Mankostrop, Quoricopat o Qaxo,
también Bamboliurina o, si no, Yellylorum,
son nombres que jamás compartirán dos gatos.
Pero a pesar de todo, nos queda un nombre más,
y ése es el que tú nunca podrás adivinar,
el nombre que los hombres jamás encontrarán.
Que SÓLO EL GATO LO SABE y no confesará.
Si un gato ves en meditación,
el motivo nunca te asombre.
Su mente está en contemplación
de la Idea Una de su nombre.
Su inefable, efable,
efainefable,
único, oscuro, inescrutable Nombre.

T.S. Eliot, “The Naming of Cats” (traducción de R. Ortiz, en: El libro de los gatos habilidosos del Viejo Possum, Valencia: Pre-Textos, 2001; original 1939).

Lucy Maud Montgomery, la escritora que amaba a los gatos

Lucy Maud Montgomery, (llamada "Maud" por su familia y amigos), públicamente conocida como L. M. Montgomery, (Isla del Príncipe Eduardo, 30 de noviembre de 1874 - Toronto, 24 de abril de 1942) fue una escritora canadiense, reconocida por la serie de novelas Ana de las Tejas Verdes (Anne of Green Gables). Montgomery fue una auténtica amante de los gatos. Muchas de sus novelas incluyen gatos, que participan en mayor o menor medida en la trama. Solía recortar artículos sobre gatos de revistas y los pegaba en sus álbumes de recortes, donde también se pueden ver trocitos de pelo de algunas de sus mascotas felinas. El último recorte que puso en sus álbumes fue un artículo humorístico sobre gatos. Le gustaban tanto los gatos que incluso los dibujaba en sus firmas.

Daffy; un gato gris a rayas le hacía compañía mientras ella escribía. Existe un libro llamado "LM Montgomery and the Cavendish Cat", escrito por Lynn Manuel que cuenta la historia sobre LMM y su gato Daffy y está basada en lo que LMM escribió en sus diarios sobre él. Para ella era más que su mascota. Era su amigo y su confidente. Le leía en voz alta sus manuscritos y se lo llevaba a sus expediciones fotográficas. Durante las largas y solitarias horas en las que escribió "Ana la de Tejas verdes", Daffy le hacía compañía.
Cuando su abuela murió, LMM se mudó a vivir a Park Corner con sus parientes, la familia Campbell, y se llevó con ella a Daffy. Poco después se casó y se mudó a otra provincia para vivir con su marido, el Rev. Mcdonald. Daffy se quedó con los Campbell, pero se sentía abandonado y no se terminaba de acostumbrar a sus nuevos dueños, por lo que decidieron enviárselo a LMM a Leaskdale. Le pusieron en una caja y le enviaron por barco, tren y finalmente en un coche de caballos hasta su nueva casa donde se reunió con LMM recién llegada de su luna de miel. Daffy vivió durante 14 años y está enterrado detrás de la casa parroquial presbiteriana de Leaskdale, donde LMM vivió con su marido.

Otro de sus gatos predilectos fue Good Luck, también llamado Lucky. Le dedicó su la novela Jane la de Lathern Hill. En ella escribió: "A la memoria de "Lucky", un encantador y cariñoso compañero durante 14 años". Fue el gato preferidos de LMM. Lo adoptaron durante un viaje que realizó la familia a Cavendish. Lo eligieron por un dibujo en forma de trébol que tenía en el lomo y ese fue el motivo de que su hijo Chester le diera el nombre de Good Luck (Buena Suerte en inglés).
"Lucky está ronroneando sobre mi mesa mientras escribo y me mira con ojos redondos y brillantes. ¡Que horrible sería no querer a un gato! Cuánto se perdería uno de la vida."
10 de junio de 1932, The Selected Journals of LMM, Vol IV.
"Esta tarde fui de visita a casa de los MacPhersons. Luck me acompañó, pero no entró. Cuando salí una hora después me estaba esperando en la esquina de la casa. Lo levanté del suelo y le cargué en brazos, todo peludo, ronroneante y cariñoso. ¡Querido gatito! Él y Stuart son todo lo que me ha echo seguir adelante durante este verano" 31 de julio de 1934. The Selected Journals of LMM, Vol. IV.
"Luck está enroscado a mi lado en la mesa mientras escribo, mirándome con ojos redondos y cristalinos. ¿Qué hubiera hecho este verano sin Stuart y sin él? Y Stuart ha pasado todas las tardes fuera y sólo le tenía a Luck. Cuando lloraba, he visto a ese gato ponerse sobre mi regazo, apartar mis manos de mi cara con su nariz y frotar su cabeza contar mi mejilla como si dijera "Me tienes a mí"" 15 de septiembre de 1934. The Selected Journals of LMM, Vol IV.
"Lucky murió a las ocho en punto de la mañana del lunes 18 de enero. Desde la muerte de Frede nada me había causado tal pesar y angustia. Incluso hoy, un año después no puedo soportar pensarlo. Le echo de menos descorazonadoramente, en casi todos los detalles de la vida. Es rara la noche en la que , despierta, las lágrimas no afloren a mis ojos cuando en la oscuridad no puedo posar mi mano y sentir su lomo sedoso... y me doy cuenta de que nunca podré volver a sentirlo. Lucky era un gato tan afectuoso. Adoraba ser querido. Si daba felicidad, la recibía. Tenía unas formas, trucos y hábitos tan simpatiquísimas. Le encantaba ser cuidado. No importaba cuando o donde me sentara, allí, en pocos minutos, estaba Lucky, con ojos que imploraban una caricia. Parecía poseer algún misterioso poder de saber cuando me sentaba. Después de Luck me di cuenta de que nunca me importará otro gato. Antes que a él quise a los gatos como a gatos. Quise a Luck como a un ser humano. Adios, Good Luck, el más querido y amado de los gatos. Adios...¡adios!" 9 de enero de 1938, "The Selected Journals of LMM, Vol V

http://es.geocities.com/junebell_aa/gatos.htm