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lunes, 29 de marzo de 2010

El gato en las artes visuales

“Imagen del Alma Despierta”, Vidente de la noche”, “Dueño del ojo que ve en la oscuridad”. “Dios – Luna”...Todos estos poéticos calificativos adjudicaban los antiguos Egipcios al nuestro muy conocido gato. La diosa Bast (Bastk o Bastet, según los idiomas), creación de la estatuaria egipcia, la representaba ya con cabeza de gato y cuerpo de mujer, ya con total morfología de gato. (1) Como la apacible luna, los ojos de los venerados felinos brillaban en la oscuridad de la noche y eran los dueños del misterio.

Pero no solo en tiempos de los faraones merecieron los gatos el honor de artistas. Con sus formas elegantes, su hermosa cabeza de corte pentagonal y enhiestas orejas y la variedad de pelajes que los recubren, pero sobre todo por la plasticidad de sus poses que pueden alternar el hierático estatismo con la más lánguida voluptuosidad, estos pequeños félidos han sido tema y motivo de no pocas creaciones artísticas en todas las épocas y lugares. Por ser evocadores del misterio han aparecido ligados a imágenes de hechiceros y adivinos hasta en la iconografía popular. También por amigos del confort, el fuego y los almohadones, se los ha incluido en no pocas escenas de interior de la pintura costumbrista. Sin olvidar las ocasiones en los que se ha exaltado su instinto cazador como en esa imagen de un mosaico pompeyano del S. I de nuestra era o en la casi cruel figura del gato con una paloma entre sus dientes de Picasso -1939- y de la cual parece hay dos pinturas como en dos pasos sucesivos de la acción predatoria.


También el arte de Oriente ha fijado las imágenes de estas “Miniaturas de Tigre”, como suelen llamarlo. Pinturas y dibujos de China y Japón nos han dejado deliciosas escenas de gatos que testimonian su amor por la naturaleza toda. La pintura coreana del siglo XVIII nos brindó una delicada escena titulada “Gatos y gorriones” de Wambo, realizada con tinta y color sobre seda de casi un metro de alto. En Buenos Aires vivió durante unos años un pintor japonés, Foujita, quien al retornar a París supo de muy buenos éxitos de su delicado pincel y minuciosa ejecución, existen dos obras suyas en el Museo Nacional de Bellas Artes: “Gatos jugando” y un “Autorretrato con gato”.

Si hacemos un poco de historia en la pintura europea, nos han dejado imágenes de gatos, artistas tan destacados como el holandés Hieronymus Bosch (el Bosco) -1453-1519- autor del famoso tríptico "El Jardín de las Delicias"-1505- (Museo del Prado), donde en "El Paraíso", junto a Adán, Eva y Dios, pinta un gato desde atrás con un ratón en la boca, y en la parte central, "La Tierra" hay otro gato en color azul que lleva sobre su lomo varias figuras humanas.


También Diego Velázquez -1599-1670- en su célebre obra “Las hilanderas" (Museo del Prado) colocó un morrongo blanco y negro entre los vellones de lana del piso. Del siglo XV queda un testimonio en la National Gallery (Londres) en una pintura de Pintorcillo denominada “Penélope y las tejedoras” donde un gracioso gatito de cola anillada juega con un ovillo. También Goya -1786-en su retrato de Manuel de Zúñiga, pintó tres gatos (observar detenidamente) que acechan a un pajarito que el niño ha sacado de la jaula (Metropolitan Museum, NY).

Si seguimos avanzando, nos encontramos con el “Olympia” de Manet -1832-1883- (Jeu de Paumme, París), realista desnudo donde entre almohadones y ricas sábanas el pintor colocó a los pies de la cortesana, un misterioso gato negro que dibuja en el aire un signo de interrogación con su cola, mientras mira fijamente al espectador con un par de ojos redondos.


El incisivo dibujante y intor Toulouse Lautrec logró hermosas imágenes de gatos en más de un cartel, de esos que solía realizar para promocionar espectáculos teatrales y de music-hall en el alegre París de la Belle Epóque. Por aquellos años también pintaba el postimpresionista Pierre Bonnard que supo introducir gatos en sus refinadas escenas intimistas de exquisito colorido. Cabe aquí recordar a los finos acuarelistas ingleses del S. XIX y comienzos del XX, que supieron tomar al gato como tema de sus obras, ya solos o completando escenas de interiores muy británicas y no podemos olvidar al sugerente gato negro de cola parada que nos da la espalda y se encamina por un sendero solitario como lo dibujó el escritor Rudyard Kipling para ilustrar una de sus “Solo 50 Historias para Niños Pequeños”, Londres 1902.

Por supuesto que en nuestra plástica argentina también tenemos buenos ejemplos de imágenes gatunas, recuerdo los graciosos gatos que colocó Alfredo Guttero en su cuadro “Figuras” (Museo Nacional de Bellas Artes) donde la lánguida elegancia de los desnudos femeninos encuentra un eco en las contorsiones felinas. También las numerosas imágenes de gatos de la pintura de Nelson Blanco, un argentino residente en París y el insoslayable recuerdo para Aída Carballo que en sus grabados, dibujos y pinturas, supo dar lugar preferencial a los gatos de los que vivía rodeada.

Otro grabador, Américo Balán, gustaba fijar unas imágenes hieráticas de gatos resueltas con simplificado contorno. Tampoco me quiero excluir por falsa modestia, de esta sucinta enumeración, ya que he dedicado exposiciones al tema que estamos tratando. En 1977 presenté una exposición que titulé “De la nostalgia, la magia y los gatos” y en 1980, “Cinco años de Techos y Gatos” y en muchas otras pinturas y dibujos donde este adorado animalito me ha motivado, y podríamos seguir con la lista, pero prefiero aportar un dato que no está demasiado divulgado.

Existe un Museo del Gato, se trata del Kattenkabinet (Gabinete del gato) y está en Amsterdan, creado por un rico gatófilo holandés Bob Meijer en honor a su gato Morgan en la calle Herengracht 468. En él se albergan cantidad de obras de arte con tema gatuno, (hasta aguafuertes de Rembrandt) y muchas otras llegadas desde distintas partes del mundo. Tal es el caso de la que envié tiempo atrás que es una obra conjunta que hicimos una de mis gatas Odile y yo. Justamente el emblema gráfico de este museo es el ya mencionado “Gato que camina solo” del poeta Rudyard Kipling.
Como se habrá podido ir descubriendo a través de estas rápidas líneas, las más variadas latitudes, las distintas épocas, los diversos temperamentos, las diferentes técnicas, han dado testimonio del interés de muchísimos artistas por esta pequeña figurita tan adoradas y tan vapuleada a la vez, que los científicos han denominado Felis domesticus. Ellos nos miran con distante indiferencia, pero como dijo Walter Scott, “los gatos son una especie misteriosa, en su mente pasan muchas más cosas de las que podemos imaginar”.

(1) Ver diferentes versiones de la Diosa Bast en los artículos ."El gato como animal de compañía" del Dr. Rubén Gatti y "La dulce faceta del amor" del Dr. Héctor Barbenza, en la página de AAMeFe.

María Laura San Martín

lunes, 27 de abril de 2009

Gottfried Mind, el pintor de los gatos

Hijo de familia húngara, nace en Berna (1768-1814). Su gusto por el arte vino dado por un artista local, llamado Legel. A los 8 años ingresa en una academia para niños pobres y allí los maestros descubren su talento para la pintura, llamativo, puesto que en el resto de materias no avanzaba. Entre los años 1780 y 1785, llega el pintor Sigmund Hendenberger a Berna. Con él, Mind perfecciona su arte de dibujar y aprende a colorear con acuarelas.


Su talento especial para la representación de los gatos se despertó y descubrió por casualidad. Un día su maestro estaba pintando un cuadro y Mind quedó mirando la obra, a lo que espetó "¡Eso no es gato!" Hendenberger preguntó, con una sonrisa, si él pensaba que podía hacerlo mejor. Mind se ofreció a intentarlo, se fue en una esquina, y creó un animal que impresionó a su maestro por su similitud con la realidad.

Pero no fue hasta después de la muerte que Hendenberger cuando Mind desarrolla plenamente su peculiar talento para el dibujo. En 1809 cuentan que las autoridades de Berna decretaron el exterminio de todos los gatos de la ciudad. Algunos parecían mostrar síntomas de rabia con lo que la orden fue cumplida con eficacia, eliminándose a unos ochocientos gatos. El suceso dejó a Mind profundamente deprimido, aunque por suerte se permitió a su gata Mineta seguir viviendo. El desastre hizo que, en los años siguientes, pusiera tal empeño en llevar a la vida todo tipo de detalles de sus gatos a través del arte, de forma tan genial que su fama y la petición de obras suyas crecieron de forma sorprendente.

Su capacidad para reflejar la vida de los gatos era asombrosa, sobre todo teniendo en cuenta su condición de autista, era capaz de captar todo el mundo felino de forma que podía contar historias completas con sólo una imagen. Al parecer, Mind vivía rodeado de gatos, con los que se entendía mejor que con sus vecinos humanos. Dicen que era capaz de “conversar” con ellos y, sobre todo, se encontraba en armonía con su gata favorita, Mineta. Los gatos eran todo su mundo, con lo que los visitantes estaban avisados de no molestar a los animales, porque esto haría despertar el enfado del artista. Según las crónicas nadie había logrado captar en una pintura el carácter y actividades de los gatos de forma tan perfecta. Mind fue respetado y admirado en su ciudad, recibía visitas de gentes interesadas en su arte procedentes de países diversos, muchos de los cuales decidían comprar sus obras. Su fama se extendió por el continente, con lo que se convirtió en un artista de moda.

sábado, 25 de abril de 2009

Una vida gatuna


A continuación, os dejo con unas cuantas imágenes extraídas de un libro infantil alemán, fechado sobre los años 40.



Imágenes escaneadas y enviadas por María S.G. http://www.flickr.com/photos/mariaisg/

jueves, 16 de abril de 2009

miércoles, 15 de abril de 2009

Leonardo da Vinci


Estudio de gatos y otros animales, Leonardo da Vinci, 1513

lunes, 13 de abril de 2009

Théophile Alexandre Steinlen

Théophile Alexandre Steinlen (Lausanne, 10 de noviembre de 1859 – París, 13 de diciembre de 1923) pintor y litógrafo modernista francosuizo, más conocido como Steinlen.

Comenzó la universidad antes de empezar a trabajar como diseñador en Mulhouse. Su talento alentó al pintor Francois-Louis David Bocion a animarlo a irse al barrio de Montmartre en París, donde su amigo Adolphe Willette lo introdujo en el mundo artístico de Le Chat Noir, en donde realizó un póster para el cabaretista Aristide Bruant entre otros. Después, emplearía a su hija como modelo para el anuncio de una compañía lechera. Trabajó también para las revistas Le Rire, Gil Blas, L'Assiette au Beurre y Les Humouristes, entre otras. Fue un artista prolífico que empleó pseudónimo en ocasiones para evitar problemas políticos.

A partir de 1885 desarrolló una amplia actividad como cartelista industrial. Su pintura, al margen de los movimientos de la época, está constituida por temas populares, paisajes y representaciones de animales, principalmente gatos.

La tournée du Chat Noir avec Rodolphe Salis (1896)Dibujó paisajes, flores y desnudos para el Salon des Indépendants. Su litografía de 1895 titulada "Les Chanteurs des Rues" fue portada de "Chansons de Montmartre" publicada por Éditions Flammarion con diciséis litografías originales que ilustraban las canciones Belle Époque de Paul Delmet. Montmartre y los gatos fueron su principal fuente de inspiración. Está enterrado en el Cimetière Saint-Vincent de Montmartre. Su obra se reparte entre varios de los museos más prestigiosos: el Museo van Gogh de Ámsterdam, el Hermitage de San Petersburgo, la National Gallery of Art en Washington.