lunes, 27 de julio de 2009

Los gatos en las fábulas de Esopo

La fábula es un género literario, que consiste en una historia breve, que transmite una enseñanza (llamada moraleja). La fábula refleja el conjunto de vicios y virtudes humanas, personificado por animales con el fin de enseñar con el ejemplo. En general los protagonistas de estas historias son animales que hablan entre ellos y desarrollan la trama del cuento y al final algunos de los protagonistas o el autor indica la moraleja. Los personajes comunes de las fábulas, como el león, el lobo, el zorro, la oveja, etc. tienen generalmente un rol bastante predecible, (dice Chesterton: muchos hombres aprendieron a conectar las simples y fuertes criaturas con las simples y fuertes verdades).
Esopo nació en Frigia, Asia Menor, en el 550 a.C. Es posible que algunas de los cuentos de Esopo fueran viejas historias contadas de boca en boca, pero también hay que reconocer que fue un agudo observador del comportamiento humano y lo transcribió a sus fábulas. Algunas de éstas, fueron duras críticas al poder político y a las costumbres sociales contemporáneas, lo que le costó la vida en Delfos, donde fue arrojado desde un barranco. Muchas de las fábulas de Esopo, fueron reescritas por otros fabulistas como La Fontaine, Samaniego, Iriarte etc. , que han mejorado o adornado literariamente la forma de contar la historia, pero el mensaje se mantiene.

El gato y el ratón viejo
Enterado un gato de que en cierta casa vecina abundaban los ratones, encaminose a ella y en varias veces se engulló cuantos quiso. Los afligidos al ver que cada día faltaban algunos amigos, se dijeron en ratonil confianza: - Puesto que todos vamos a perecer, cuerdo será quedarse cada uno en su escondrijo, que el gato, por salatarín que sea, no podrá llegar entonces hasta nosotros. Hiciéronlo así; pero el hambre, que es fecunda en recursos, sugirió al gato de atraérselos nuevamente, para lo cual, colgándose de un palo, fingióse muerto. Los ratoncillos más jóvenes comenzaron a sacar la cabeza, y aun a exponerse a salir, hasta que un ratón viejo, que con astucia miraba al gato, exclamó: - Muerto está, compañeros, pero por lo mismo que está muerto, quedémonos todavía aquí para no turbar el esposo de los difuntos. Hay quien asegura que al gato se le bajó la sangre a la cabeza y se murió de veras.
Moraleja: El varón prudente evitará ser engañado con astucias y dobleces. La experiencia y la prudencia indican que la desconfianza es la madre de la seguridad.

El gato y el ratón joven
Un ratoncillo sin experiencia, que había caído en poder de un gato viejo, imploraba la clemencia de éste entre otras cosas: - ¡Perdomadme la vida por esta vez! Yo no puedo hacer daño alguno, puesto que con poca cosa me alimento. Esperad a que engorde, y entonces podré servir de merienda a vuestros hijos. - ¡A mí me vienes con esas patrañas! - exclamó Micifuz- ¿No ves que soy ya gato viejo? Por mi parte, yo no te voy a perdonar. Y en cuanto a mis hijos, ya buscarán cuando necesiten. Y sin más explicaciones, devoró al Ratoncillo.
La juventud presume de alcanzarlo todo (o que todo lo consigue), y la vejez es inexorable.

Los gatos y los ratones
Allá en tiempos remotos, estalló feroz guerra entre gatos y ratones, fatal en la mayor parte de las batallas para los segundos. Mas como quiera que entre los ratones nadie confesaba que las derrotas eran debidas a debilidad o miedo, llegó a prevalecer la opinión de que el no ser conocidos los jefes en lo recio de la pelea contribuía a introducir el desorden en las batallas. Un ratón viejo aconsejó: - Debemos nombrar muchos generales y hacerles uniformes vistosos, con plumas y penachos en la cabeza, de esta suerte las tropas se agruparán alrededor de sus caudillos y todo el ratonil ejército se batirá como un solo hombre. Arregladas así las cosas, presentose nueva batalla a los Gatos. Pero éstos que, con la facilidad de siempre, arrollaron rápidamente a sus enemigos, no sólo los derrotaron como hasta entonces, sino que, persiguiendo a los que huían, pudieron comerse a todos los generales, porque el plumero les impidió ocultarse en sus ratoneras.
Cuantos hay que por culpa del plumero pagan no ya el delito de la cobardía, sino el necio pecado de la vanidad!.

La zorra y el gato
Se alababa una zorra hablando con un gato, de que sabía mil medios distintos para preservar su vida, a lo cual contestaba el gato que no era tan sabio, pues sólo confiaba en su ligereza en trepar para salir de cualquier apuro.
Aparecen en esto los perros, y el gato logró escaparse encaramándose a un árbol, pero la zorra, no pudiendo hacer lo mismo, cayó en poder de sus enemigos.
Moraleja: Vale más saber una sola cosa que sea útil, que muchas que no sirven.


Afrodita y la gata

Se había enamorado una gata de un hermoso joven, y rogó a Afrodita que la hiciera mujer. La diosa, compadecida de su deseo, la transformó en una bella doncella, y entonces el joven, prendado de ella, la invitó a su casa.
Estando ambos descansando en la alcoba nupcial, quiso saber Afrodita si al cambiar de ser a la gata había mudado también de carácter, por lo que soltó un ratón en el centro de la alcoba. Olvidándose la gata de su condición presente, se levantó del lecho y persiguió al ratón para comérselo. Entonces la diosa, indignada, la volvió a su original estado.
Moraleja: El cambio de estado de una persona, no la hace cambiar sus instintos.

El cascabel del gato
Un hábil gato hacía tal matanza de ratones, que apenas veía uno, era cena servida. Los pocos que quedaban, sin valor para salir de su agujero, se conformaban con su hambre. Para ellos, ese no era un gato, era un diablo carnicero. Una noche en que el gato partió a los tejados en busca de su amor, los ratones hicieron una junta sobre su problema más urgente.
Desde el principio, el ratón más anciano, sabio y prudente, sostuvo que de alguna manera, tarde o temprano, había que idear un medio de modo que siempre avisara la presencia del gato y pudieran ellos esconderse a tiempo. Efectivamente, ese era el remedio y no había otro. Todos fueron de la misma opinión, y nada les pareció más indicado.
Uno de los asistentes propuso ponerle un cascabel al cuello del gato, lo que les entusiasmó muchísimo y decían sería una excelente solución. Sólo se presentó una dificultad: quién le ponía el cascabel al gato.
- ¡Yo no, no soy tonto, no voy!
- ¡Ah, yo no sé cómo hacerlo!
En fin, terminó la reunión sin adoptar ningún acuerdo.
Moraleja: Nunca busques soluciones imposibles de realizar.

El gato y el gallo
En el corral, un gallo fue apresado por un gato, que buscaba mil excusas para matarlo y comérselo.
-Te mataré- dijo el gato- porque eres un degenerado que en tu lujuria no respetas a tu madre ni a tus hermanas.
- No lo hago por lujuria- contestó el gallo- , sino para dar ganancia al amo con nuevos pollos y gallinas.
- No es mala excusa -respondió el gato-, pero no tan buena como para convencerme de que deba ayunar.
Moraleja: De nada sirven los razonamientos para hacer desistir a un corazón malvado.

El águila, la gata y la jabalina
Una añosa y copuda encina daba cómodo albergue a un águila en su copa, a una gata en mitad de su tronco y a una jabalina y sus lechones en el hueco de su raíz. Pacíficamente vivían las tres familias al abrigo del árbol, hasta una mañana en que la gata, pérfida y astuta, subió hasta la copa y habló así al águila.
- En gran peligro estás, querida amiga. La jabalina no cesa de hozar en los terrenos que nos cercan, y presumo que se propone derribar nuestro árbol, para después comerse nuestros hijos cuando los halle en tierra. ¡ Hay que vivir vigilantes!
Y mientras el águila quedaba suspensa con semejante revelación, la jabalina escuchaba de la Gata enredosa el siguiente chisme:
- He hablado con el águila - le dijo -, y de sus palabras deduzco que acecha un momento en que te marches, para bajar y arrebatarte tus lechones. ¡Debes vivir con cautela!
Aguila y Jabalina resolvieron, en vista de las circunstancias, no abandonar ni un solo instante sus casas respectivas. Y como no salían a buscar víveres, el terror maternal les costó la vida. Cuando murieron, la gata y sus hijos se deleitaron con los despojos de aquellos que dieron oídos a cuentos de vencidad.
Las gentes que se dejan arrastrar a las disputas de los chismosos y demagogos son víctimas sin quererlo de su perversidad.

El Gato y los gorriones
Un gato y un gorrión trabaron estrecha amistad desde su más tierna infancia. Algunas veces, no obstante, incomodábase el segundo con el primero, pero el gato se limitaba a enseñar las uñas, y el asunto no tenía otras consecuencias.
Ocurrió cierto día que el Gorrión trabó conocimiento con otro individuo de su especie. Y como ambos eran de carácter pendenciero, se acaloraron una vez y se batieron encarnizadamente. El amigo del Gato llevó la peor parte en aquella lucha, y ciego de cólera, rogó a su antiguo amigo que le vengaze. Hízolo así el Gato, echando la zarpa al Gorrión victorioso y engulléndoselo de dos bocados. Mas sucedió que al probar la carne de pajarillo, que olvidando por un momento los lazos y afectos de la infancia, se engulló seguidamente al gorrión amigo.
En cuestiones de familia no debe pedirse - a ser posible- la intervención de los extraños.

http://www.odisea2008.com/2008/08/fabulas-de-esopo.html
http://www.aamefe.org/esopo.htm

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